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Minicracks

Minicracks (96): ¡¡¡Todos somos Senegal!!! Es...

Patxi.

El Club Squash Valencia también tiene su puerta giratoria. Sólo hace falta emitir un silbido al personaje que contesta de la siguiente manera...

-Es evidente que eres uno de los pesos pesados del Club y, sin embargo, siempre hay algún despistado o novato que no te conoce. Así que toca presentarse de la mejor manera que creas conveniente.

Tampoco tan pesado… es verdad que estas Navidades han sido dos kilos, pero pensaba que no se me notaba tanto.

Soy… el padre de Marina, un admirador de Ximo, la pareja de Ferra en algún doble, la perita en dulce de mi grupo, un amigo de Fer, el sparring de Alberto, el que disfruta corriendo diagonales con Elisa… En el squash, y en la vida, una parte de lo que uno es se define por la gente que lo acompaña. Y la verdad es que voy muy bien acompañado.

-Tirando de memoria… ¿Cómo fueron tus inicios en el squash?

Pues iba yo pacíficamente caminando por la vida, jugando de gorra al frontenis, cuando Luis González Candelas me propuso una partidita. Fue en los sótanos del pabellón de la Fuente de San Luis, donde había cuatro pistas. Le dije de reservar al menos una hora, y me contestó que después de la primera media, si me quedaban ganas, que volviéramos. Jugamos con raquetas de tenis y una pelota mejicana. A los 20 minutos estaba al borde de un infarto y tuvimos que dejarlo.

Pero me enganché. Volvimos más veces, me compré una raqueta…

-¿Puede ser que uno de los empujones serios y que te reforzaron llegaron de la mano de aquéllas liguillas en K-7, que organizaba el inolvidable Poli Cano?

Poli es una de las personas que más me han influido en la vida. Me parecía una buena persona en todos los sentidos, y es el maestro de squash al que más cariño le tengo. En la primera clase que me dio, su primer consejo fue cómo coger la raqueta. El segundo fue “si tu rival está delante, juega detrás. Si está detrás, juega delante”. Yo tenía 32 años.

Años después de que lo despidieran del K7, cuando Marina tenía 12 años y hacía boast-paralela, busqué coincidir con él en Serrería, se la presenté, y le pedí que la entrenara. Dijo con amargura que no quería saber nada del squash. No he vuelto a verlo.

-Mientras te ibas consolidando, y a la par, ibas forjando y fogueando a una futura campeona…

El squash es una de mis pasiones. Exige velocidad, resistencia, control, disciplina, respeto, potencia, técnica, concentración, rapidez… por eso no gano una puta partida. Siempre hay una u otra cosa que me falta. Más que consolidarme, me voy solidificando.

Marina empezó conmigo porque tiene la mala idea de su madre. He disfrutado con ella lo que no está escrito, y ahora está en las mejores manos. Es tan buena que es como para darle de comer aparte. De hecho, le damos de comer aparte, ensalada, pechuga y pasta.

-El Club Squash Valencia nace e inmediatamente te tira el lazo…

Yo creo que fue la desaparición de las ligas del K7 lo que desencadenó la creación del CSV, como una forma de mantener vivo el espíritu de competición y encuentro del que disfrutábamos con Poli. Los padres fundadores tuvieron muy buen ojo con el diseño, salvo cuando me tiraron el lazo. Supongo que sería por mi verbo grácil, y la facilidad de lectura de un reglamento de la liga que sólo entendimos Javi Romaní, la madre de la criatura, y yo mismo, cuando lo parimos en una terraza del Barrio del Carmen.

-Pero es que pasan cuatro o cinco años y te nombran Presidente…

Fueron unos años en los que se despertaron esperanzas de cambio, sobre todo en la Federación Valenciana. Dimos un paso al frente para renovar estructuras y personas, pero el statu quo se movió con mucho más acierto, y perdimos esa oportunidad.

Mi nombramiento como Presidente del CSV fue un error como otro cualquiera, del que me siento responsable, y que creo que he corregido a tiempo, devolviendo el cargo a quién se lo merece, y a quién nunca debió de dejarlo.

-Luego por una serie de circunstancias, que no vienen al caso, lo aparcas, pero siempre con el compromiso intacto de estar ahí…

Sí que vienen al caso las circunstancias. La verdad es que no estaba a la altura, y no se me veía en el puesto. Y cuando tu propio equipo no te reconoce como líder, tienes que tener la honestidad de reconocerlo y ceder el testigo. Dicen que un sabio puede sentarse en un hormiguero, pero sólo un necio seguirá sentado en él.

El Presi sabe que puede contar conmigo, para lo que sea, sólo tiene que silbar.

-Cambiamos de tema. ¿Qué te parecen las instalaciones que tenemos?

Sólo pueden parecerle buenas a quien ha visitado Senegal, y no ha visto las de Ámsterdam.

-¿Por qué crees que hay tan pocos juniors en nuestras canchas?

Puede que no tengamos profesores de squash lo suficientemente buenos, o padres lo suficientemente pacientes.

De todas formas, estoy viendo más caras jóvenes en las pistas, tengo buenas sensaciones.

- ¿Cuál es tu visión particular en cuanto al squash en general a día de hoy?

Sinceramente, creo que vamos hacia abajo, lentamente, poco a poco. Los números son los que son, y esconder la cabeza no tiene mucho sentido. Creo que va a ser difícil cambiar la tendencia, y a medio plazo lucharemos por sobrevivir. Ahora mismo, nuestro único cartucho para revitalizar el squash son las Escuelas Deportivas Municipales.

En el Club, en la Federación, en las entidades deportivas, creo que no deberíamos despreciar ningún talento. Los buenos jugadores nos deslumbran, pero también necesitamos árbitros, y gestores de empresas que apuesten por el squash, y maestros (monitores, profesores), y entrenadores profesionales, y fotógrafos, y economistas, e informáticos, y diseñadores de páginas web, y letonas inmigrantes con pasión e iniciativa.

-¿Por qué razón el squash no es deporte olímpico?

No lo sé… ¿Por qué hay tanta gente que se sienta a ver el fútbol?Minicrack Patxi

-Es importante contar y reflejar tu experiencia en Senegal, tras el amistoso benéfico de BGolán y Gaultier aquí en Olympia.

Uno de los momentos que pueden cambiarte para siempre no es ver la miseria, sino vivir en medio de ella. El squash, Borja, Greg, la gente del CSV, y Acción Senegal tuvieron la valentía de mover el culo y hacer algo para mejorar la calidad de vida (a veces salvar la vida) de gente que no tiene ni lo más básico. Yo le estoy agradecido a quién lo hizo posible, porque no tenéis ni idea de las veces que el Club ha sido coreado en cánticos de agradecimiento, en oraciones. Siento verdadero orgulloso de mi Club, por cosas como esa.

-¿Es una quimera tener sede propia? ¿Una necesidad? ¿Una solución? ¿Un problema añadido?

Es un sueño. Ojalá pudiera verlo. Pero sólo será posible si los números salen (ver la pregunta “¿Qué harías si fueras el único acertante de la Loto?”).

-¿Tú también vas a jugar a racketball, hijo mío?

Señala la correcta:

No, maestro, de ninguna manera. Antes me tiro al pádel.

Depende ¿cuánto tiempo va a estar este cuestionario en la web?

Seguramente sí. Ya lo dijo El Titi “Libérate, no sigas más oprimido y busca tu felicidad, porque aunque muchos te critiquen, el que lo prueba repite, yo no sé por qué será”.

-Inauguramos web con mucha ilusión, sabiendo que es una herramienta fundamental para el Club. Hemos puesto los cimientos. ¿Cómo ves el futuro del Club Squash Valencia?

La web es fantástica. Me encanta. Si Ferra sigue dirigiendo igual de bien, las “nuevas” incorporaciones darán mucho juego. Viene un grupo muy bueno, joven, con muchas ganas de hacer cosas, sólo hay que escucharles y darles confianza, aunque me queda ese punto de tristeza de pensar que una Junta Directiva, o una Federación que se deja fuera a Ximo Marmaneu es que todavía tiene margen de mejora.

El Club es un proyecto precioso: ha reunido gente voluntaria y desinteresada, en el mejor sentido de la palabra, alrededor de un deporte increíblemente divertido y completo, que tiene unos valores educativos indudables. Y no hay bastantes líneas para reconocer el trabajo de tanta gente, desde los coordinadores de la liga, hasta el último coach.

TEST:

-Una afición no deportiva…

¿El sexo vale?

-Un deporte que no sea squash…

¿El sexo vale?

-Marca de raqueta con la que juegas…

Dunlop a saco.

-¿Dónde compras el material deportivo?

Las zapatillas en Amateur Sport, los pantalones en Decathlon, el chándal a Miguel, las camisetas no me las compro, son las de los campeonatos, o las que me regalan mis hijas, los calcetines me los compra Elisa, y la próxima raqueta se la compraré a Alex Boni.

-El mejor jugador de squash que hayas visto en directo…

Ramy Ashour, el de verdad, no Vicente

-¿Sigues el squash fuera de las canchas?

No mucho. Me gusta más practicarlo. Sólo veo algunos puntos de Squash TV, y los de Marina

-Tus compañeros de juego suelen ser…

Nobles y pacientes.

-¿Te parece mejor la nueva puntuación en nuestra liga 4 Vientos?

No lo sé. Sigo sacando los mismos puntos que con la anterior.

-Comida preferida.

Patatas fritas y huevo

-Una película que recuerdes.

Náufrago

-Un programa de TV que sueles ver.

Ninguno entero

-Una ciudad a la que volverías.

París, una y otra vez

-Playa, montaña o ciudad.

Montaña, por favor.

-¿Alguna lesión importante?

Dos hernias lumbares, dos cervicales, y dos docenas de sitios donde me duele. Si lo sumas todo doy discapacitado.

-Un personaje que te gustaría conocer.

A la descubridora de la cura del cáncer

-Un vicio confesable.

Muerdo los bolis, me rasco los huevos en la cama si me pican, y una vez jugué al pádel.

-¿Qué harías si fueras el único acertante de una Loto?

Extrañarme mucho de ganar algo a lo que no he jugado.

-Marca de zapatillas con la que juegas.

Asics, después de lo difícil que es conseguir las Prince.

-¿Cuántas bolas sueles llevar en tu bolsa de deporte?

Depende de las que necesite Marina

-Actor y actriz predilectos.

Tom Hanks y mi hija Alba cuando dice que ella no ha sido.

-Música que sueles escuchar.

El motor de mi Honda.

-Deportista al que admiras.

Mi mujer.

-Un personaje de ficción.

Un político honesto

-Gasto medio normal mensual de squash…

¿Quieres que me echen de casa?

-¿Qué prenda nueva harías de equipaje para el Club?

Una sede con ocho pistas

-El bocata preferido debe llevar…

Pan, aceite de oliva y lo que sea.

-Tu reto en el squash es…

Apuntarme al coaching y que me coloquen en el grupo correcto, de los dos que hay.

10 Líneas para terminar (para ti 20):

Lo siento, Ferra, van a ser 30.

Os contaré lo que significa el squash para mí. Sabéis que con Marina jugaba al squash desde que ella tenía 10 años. Después de alguna muy breve explicación, porque no aguantaba más de un minuto, entrenábamos los golpes de drive y revés, desde delante de la pista, desde el cristal… y luego una partidita que, al principio de los tiempos, ganaba yo por muy poco. Una vez, para compensar su frustración por las constantes derrotas, le dije que el día que ella me ganara, sin que yo me dejara, yo sería el hombre más feliz del mundo.

Llegó el día en que Ximo organizó una partida oficial entre De Juan Padre, y De Juan Hija, con 20 pavos de apuesta de por medio, al mejor de cinco sets, pista tres, con árbitro y espectadores. Jugué al máximo de mis posibilidades. Yo empezaba ganando y ella remontaba. Yo llegaba al setball y ella me igualaba. Yo ganaba un set y ella el siguiente… hasta que ganó el quinto por muy poco, después de hacerse un esguince y de varios empates sin piedad alguna.

Pagué mis 20 pavos religiosamente a Ximo, que había compuesto una oda a la imparcialidad a su manera, como Frank Sinatra, pitándome una falta de pie y tres no-lets. Aprovecho este punto para recomendar fervientemente que ningún jugador apueste jamás con el árbitro. Felicité a Marina, y también a su entrenador. Luego recibí los besos de consuelo de mi mujer, de mis padres y de algunos amigos… pero no me sentí el hombre más feliz del mundo, como le había prometido a Marina. No sabía por qué. No estaba triste por mí, no era la sensación de rey destronado. No era eso… ¿Por qué no podía cumplir mi promesa y sentirme orgulloso?

Un par de semanas después lo comprendí.

Entré en la pista después de un breve calentamiento y cerré la puerta de cristal detrás de mí, con ese ruido seco que hacen las cosas inevitables a veces a nuestras espaldas. Ella calentaba la bola con la fuerza de sus 16 años, y la precisión de un arquero suizo. Sin espectadores, sin público, sin árbitro. Yo cargué en la recámara una bala especial de veteranía, llené mis bolsillos de granadas de paciencia y de fortaleza mental, ignoré una media docena de pequeños dolores variados, articulares, musculares, y respiré hondo recordando lo igualado de nuestros últimos enfrentamientos.

Empezó el partido.

Dos horas y media más tarde, regresábamos a casa en la moto. Yo notaba sus manos en los hombros, y su casco picoteándome la nuca. Abrí la visera para dejar que el viento me refrescara la cara. Yo me sentía el hombre más dichoso del mundo.

Era su sonrisa. No me había ganado, pero había sonreído en algunos momentos del juego. Con su mirada del gato que se comió el ratón me decía que le daba igual la victoria. No discutió las jugadas dudosas, no pensaba en la derrota, ni en las horas de entrenamiento, ni en la responsabilidad. No se enfadaba consigo misma si fallaba. Sólo golpeaba la bola, disfrutaba con su propio juego y con la compañía de su padre, en modo automático. Y sonreía, y ahí fui feliz.

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